Amor líquido ··· de la física a Zigmunt Bauman

No hace falta hablar de todo. No me gusta encorsetarme. Yo soy un espíritu libre.
Somos hij@s de nuestros tiempos. El mundo líquido de Zigmunt Baumant fue una bocanada de claridad, en mediod e estos tiempos donde la norma es que todo sea flexible, ligero y con posibilidad de devolución exprés.
Si antes aguantábamos de todo hasta que la muerte nos separe, ahora si no me combinas con el último Iphone y mi nuevo concepto fetiche, hay algo que no fluye. ¿Os pasa que a veces detectáis que alguien abusa de términos como fluir, libertad o amor incondicional de una manera cuanto menos, paradójica? Tras bastante confusión, descubres que los usa para evitar el acercamiento y el compromiso mínimo que necesita cualquier relacioncita que empieza a nacer. Es decir, los usa para evitar amar, aunque juega al juego del amor para obtener su chute químico y de autoestima. Un yonki del fluir sobre un barquito de papel creyéndose el Titánic de las relaciones evolucionadas y libres, vaya.

Bien, pues yo he sido esa yonki. Quizás por eso ahora no se me escapa ni uno. Betevé (la TV de Hospitalet de Llobregat) me invitó a participar en su programa. Ese día estaba con un catarrazo épico. Pero la ilusión pudo con todo y decidí compartir este texto.


¿Qué nos ata, ¿navegante?

Si siendo aún brújulas sin norte 

apuntamos al amor incondicional… 

algo se estira hasta que se rompe.

Fugitivos de tierras rígidas huyendo a un mundo líquido…

ya hacíamos aguas antes de habernos conocido.

Llamando amor a esta vela partida… 

Náufragos a la deriva en mares de latidos…

¿Qué nos ata, navegante?

Un náufrago grita Sálvate tu, No esperes nada, todo acaba, Todo es relativo. 

Y yo digo

¿de veras dudas de las leyes de la física,

de la atracción entre opuestos

como origen de la vida?

Amor, yo he encontrado el límite

he tocado el ancla 

que me ata a tierra firme.

y es… mi cuerpo estremecido. 

Mi cuerpo es una cuerda

que se trenza entre deseos y miedo,

entre recuerdos y futuros

Y saberlo   rompe la inercia.

Así que ato. Suave y firme

ato el nudo de tu ombligo a los ojos de mi casa 

y dejo el control y la medida para quien necesite ser distancia.

Porque ya no confundo miedo con sólido.

Ya no confundo cuerda con soga. 

Basta de ser fiel a amor sin amor. 

Escúchame: soltemos ahora este cuerpo asustado y contraído, 

desatemonos de memorias estancas 

para atarnos de nuevo a esta vida, 

abramos camino hacia al mar… 

pues nadie puede luchar contra sí mismo y vencer. 

No soy más que un enjambre de hilos que gritan que estiran de mi hacia todos partes. 

Tensa de mi misma, ebria de tanto vaivén, 

corto los ruidos, 

recogo sus hebras 

y trenzo a voluntad este silencio. 

Y aqui sí, 

aquí sí palpita el amor

y dos cuerpos encajan en uno. 

Ato nuestras lenguas contrarias. 

Ato lo que más odio con lo que más amo. 

Ato como la naturaleza ata, sin piedad, ni pena, sin ojalá ni juicio. 

Percibo este mar, este cielo donde la física escribe sus diez mandamientos:

Lo que el pensamiento repele, que el corazón lo atraiga. 

Te miro. ¡Que guapo estás! 

Y en un acto de impulsiva cordura, nos hacemos beso, pulverizando toda teoría en este aleteo entre dos palomas rojas. 

Hay un azul despejado esperándonos y una bandera blanca por cielo. 

Siento mi ancla, la certeza absoluta de esta danza sagrada: 

un océano nos hace dos orillas. 

La vida es lo que nace entre tu y yo. 

Y el tiempo, una brújula que siempre señala al norte para quien sabe mirar. 

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