155… motivos

Vivo la vida como un videojuego en el que paso pantallas: toma, una más. Y otra. Chúpate esa, destino: ¡otro sueño cumplido! Y otro, otro, otro más. Me sacude la adrenalina. Soy un pastel de endorfinas y me río sola en el metro. Muchos miran extrañados. Algunas, me entienden… sin entender exactamente, pero se les encienden los ojos. Entonces a mi me sale una sonrisa de vagón, enorme.

Esta noche fue, sin duda, una noche inolvidable: Poetry Slam Barcelona celebró un evento único en la cultura contemporanea de Barcelona. Único por varios motivos: por el elenco increíble de poetas invitados, algunos de los mejores de Europa, que nos reunimos en el Castell de Montjuic. Por lo mágico de ser precisamente ahí, en ese lugar donde antaño se luchó con balas y bombas y ahora, 2018, luchamos con versos. Además, fuimos el evento que más gente atrajo de todos los eventos culturales programados durante la semana… ¡que más puedo decir! 😀  Y por último, fue una noche única porque, tras 8 años de duro trabajo y picar piedra, al fin l’Ajuntament miró con respeto e interés el movimiento de Poetry Slam. El equipo ha trabajado duramente durante estos años y son pioneros de un movimiento cultural que, pese a ser un fenómeno mundial, no recibe apenas apoyo del Ajuntament, del Gobierno ni de otros entes. Se expande con la ilusión y el boca a boca de la base, de la gente, que cada día es más. La ola crece… y es el doble de admirable, siendo tan grande el desdén de las fuentes “oficiales” y voces tradicionales que proclaman que esto, lo que hacemos, no es poesía.

En fin, este video recoge un momento que podré explicar a todos los hijos e hijas que no tendré cuando sean mayores. Antes de seguir, una aclaración: no soy independentista ni lo seré. No apoyo nacionalismos de ningún tipo: me sobran fronteras y me falta amor en este mundo de todas, de todos. Mi patria es la Tierra y mi cuerpo y el tuyo, mi templo. Este texto recoge la vergüenza y rabia de haber vivido la aplicación del artículo 155 por parte de un gobierno autoritario hijo del fascismo más recalcitrante… además del gobierno gobernado por el partido más corrupto y que, irónicamente, más empobrece a España con sus robos y enchufes cuñaos a todos los niveles. Se vendió (se vende, más de un año después) que el mayor peligro para romper la armonía y convivencia de España, no son los buitres que la devoran desde dentro: que es un pueblo que lleva años reclamando hacer un referéndum por vías legales para decidir (para escuchar) la opinión de su gente. Un pueblo que propuso un Estatut que se recortó y se ignoró en su día. Y desde ahí, no hemos avanzado. Eso es concretamente lo que se está proponiendo: desviar la atención del cáncer que supone la ignorancia de quien nos gobierna desde el miedo y la autoridad sin respeto por la diversidad, por la pluralidad y la riqueza que definen España. Alguien, desde luego, con un orgullo demasiado estrecho y limitado para conseguir que España brille y sea realmente una, grande y libre.

Os invito a leer el texto. Tranquilamente y con un té de invierno en la mano. Que bendita rasca suelta hoy. Un abrazo.

155… motivos

Cuando el todo resta más que la suma de sus partes

cuando el hígado ya no filtra

la justicia se calla

y las bocas se cierran…

tiemblan.

Tiemblan, pues saben que el fin es inminente.

Y es que hay 155 motivos para romper.

155 motivos para acabar con tal sin sentir insensible y voraz,

incapaz de escuchar a la vida.

Y su miedo crece y crece al ver que no hay salida si no cambiamos la pregunta,

¿y quién se atreve?

¿Quién se atreve a dejar de rimar barbarie y familia,

de imponer barbarie y familia por respeto y tradición?

Mire donde mire, veo la historia repetida:

de generación en generación

degeneran buenas razones llenas de noble intención que empujan

al abismo de siempre:

“O ellos o nosotros.”

Y yo, ¿qué diré?

Yo, que me sé encuentro,

un milagro ante lo improbable del suceso….

ya no.

Tengo 155 motivos para no seguir el juego.

Para sencillamente ser quien solo yo puedo ser (eso es la revolución).

Y hacer crecer el inmenso poder de mi minúscula ala de mariposa,

esa palanca invisible que hace del aire huracán.

155 motivos para dar un golpe en la mesa

y dejar caer los miedos,

que estallen en mil cristales.

Y ahora sí, poder verlos y por fin, poder recogerlos,

con cuidado,

para no herirnos más.

Sé cuánto duele una herida en la yema del dedo,

el dolor que causa al tocar el mundo.

Ahogarme bajo el peso de un señor que nos mira desde arriba

que entró en mi hogar asaltándome a contracuna

antes de poder yo hablar, ni entender cómo se cose el silencio

o qué clase de tejido es la memoria.

Por mi bien,

predica sermones entre el techo, el sueño y mis párpados,

cada noche, cuando oscurece.

Él no me deja descansar: él me exige respeto.

Y ya he aprendido ¡y joder con qué esfuerzo!

que respeto no es eso.

¿Cuántas familias más necesitamos destruir?

¿A cuántos países más bombardear?

¿Cuánta corrupción cabe en un cuerpo?

155 motivos

para reírme tranquila, mostrando colmillos mirando de frente

sabiéndome amor cuando mato a la muerte.

Pues respeto no son paredes sin color de vidas vividas sin calma.

Bocas llenas de palabras vacías, sienes cerradas.

Infiernos que de tanto ignorar, acabamos escuchando todos.

Respeto es recorrer con otros pies terrenos nunca antes pisados,

recorrer lentamente fronteras hasta descubrir mis costillas

y sentir como se hinchan y se encogen, cómo se hinchan y se encogen.

¿Dónde está el respeto entre iguales que somos diferentes

y todos nosotros humanos?

155 motivos para entender qué frágiles somos

y aceptar que lucha es derrota,

si no sabes porqué, con quién ni a hacia dónde.

155 motivos, urgentes,

para ordenar tanta barbarie y ser hijos de nuestras madres, hijas de nuestro tiempo;

190.000 años de  evolución que por fin tengan sentido

 

Rodar

Tras unos meses de cura de redes sociales (must to!), vuelvo al bloggeo. A mi ritmo, yes. Igual que la planta crece a su bola… y, eh, si en mi ADN tengo grabado el ritmo de un post cada diez años, ¿qué?

Os comparto mi último video de slam con un texto nuevo del que estoy especialmente orgullosa: Rodar.

En esta ocasion fui finalista, con puntuaciones muy reñidas con Ainara (segunda posición) y Marta B (ganadora). Estas mujeres de voz irrompible están on fire y fue una final superinteresante.

Aiiiins… ese subidón de competir y compartir cada día un poco más con gente de esa que si tuviera hijos, les diría “Es así, mi amor: así es como se vive” 🙂  Os invito a pasearos por el canal de Poetry Slam Barcelona y conocer a éstas y a otras voces imperdibles: encontraréis algunos de los mejores referentes a nivel mundial de la escena #Slam y de la literatura oral contemporánea. Y es que en Barcelona, OMG, hay nivelazo del bueno.

 

 

Rueda redonda la vida

y el tiempo que abraza y separa

me hace volver otra vez

a lo que creía mañana.

 

Fósiles milenarios, ahora petróleo

reciclados como plástico del futuro….

Pero, ¿y quién reciclará la memoria del tiempo

y la tierra y sus rocas?

 

Dejar en herencia

una bolsa de 500 años de vida,

recordando a mis hijos

que soy, igual que ayer,

ciega,

torpe.

 

Y aunque sí,

aunque todos,

qué humana la pereza,

ese dejarnos arrastrar por la rueda.

Qué fácil es rodar

alrededor de un ombligo minúsculo

que solo entiende de bordes y ahoras, de prisas sin horas,

de todo para antes de ayer.

Vamos directo al pasado camino al futuro.

 

Rodar, que es un verbo bello,

deviene inercia, huella y camino.

Plaguicidas por encima de niveles permitidos en el agua del río que riega mis plantas,

nitrógeno y óxido rascando mi piel, limando pulmones, quemando los ojos de todas.

 

Me miro al espejo y el hámster que veo se pone a correr

y giro, en la rueda,

y giro,

más rápido y más yo giro.

Corriendo a ninguna parte,

rodando pendiente abajo hacia quién sabe dónde,

como si me persiguiera la nada

y tuviera que demostrar cuánto he conseguido, cuánto acumulado

a costa de acabar con todo.

 

El hámster que soy, mejillas repletas,

pela un plátano cortado a rodajas,

servido en bandeja de plástico.

La tira a un lado sin parar de correr.

Y más tarde, un cadáver envuelto me espera a comer,

arranco su vida sin darle las gracias, no queda tiempo

y sigo.

Y voy a beber,

y bebo en botella de plástico.

 

Y en este momento de verdades plásticas e ignorancia absoluta,

de pánico ante la pendiente que me devora en mi caída hacia el no pienso, pero existo…

un palo en la rueda se clava en el eje y rompe el destino.

 

A veces, en forma de alergia,

alergia a un químico que ignoraba había en el pan,

que vivía ya en mi pulmón, o en el estómago de un pez que ahora es mi pecho.

A veces forma un cáncer maligno que cómo iba a saber, si nadie me había dicho,

con lo poco acostumbrada que estoy a escuchar palabras que no sean “ombligo, rodar,

más rápido”

 

La rueda se para

…y qué vértigo.

Y después, qué calma.

Mi ombligo se abre y sus bordes se ensanchan y escupo las prisas que llenaban mi boca y

hacían de mis armas un mano de destrucción masiva.

Escucho y las rocas me hablan.

Se pone a llover y parece que algo cede.

Me alejo del centro y de su sombrero gris, que tapa la ciudad

 

Yo también soy eso. Esto es ya mi historia.

Miro mi rueda, ya rota.

Y entiendo que un palo pequeño,

que un pequeño palo,

es suficiente para detener un mundo entero

y dibujar en la tierra en qué elijo convertirme.