El niño y la mariposa

Cuenta la historia que un niño creció en medio de mucho sufrimiento. Así aprendió a ayudar a los demás y no solo a sí mismo… y así creció y se hizo grande, y generoso. Se ganó el cariño de muchos. Y la indiferencia de otros, que lo miraban con envidia, recordando lo que se habían olvidado de ser.

Una mañana, se levantó con el primer rayo del sol y aroma de coco en al aire.

Vió un capullo. Uno de esos que los gusanos contruyen para protegerse durante el tiempo que necesitan para madurar, transformándose en algo nuevo y hermoso. El niño vió como algo intentaba abrirse paso a través de las finas paredes. Parecían tan gruesas y duras para el pobre ser que intentaba salir… ¿sería capaz?, se preguntaba, preocupado.

Movido por su miedo, el niño se acercó y, con delicadeza, resquebrajó un pedazo de la pálida cobertura, dejando al incipiente ser a la vista. La mariposilla, tímida, se tapaba con las alas, que permanecían enganchadas a su cuerpo como un lindísimo vestido transparente.

El niño esperó a que la mariposa abriera sus brazos y alzase el vuelo.

Y esperó, y esperó…

hasta que se fue, aburrido de tanto esperar lo que pensaba que debía suceder.

Lo que nadie le dijo al niño es que si ayudas a esa larva a salir antes de que llegue su tiempo, cuando lo haga no podrá despegar sus alas.

Él se fue, por aburrimiento, y ella murió por falta de tiempo.

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