Fina arena

 

Me he roto tantas veces

que mis trozos tan pequeños

son ya solo fina arena.

 

Mis fragmentos han chocado contra sí mismos de tantas maneras

que sus astillas son ya solo fina arena.

 

Por eso pasa, lo quiera o no lo quiera,

que tu simple andar me arrastra y me meto

entre tus pliegues más oscuros y molestos.

Y tu toses y reniegas y estornudas y te quejas…

tu te rascas y yo sufro,

como si en verdad fueran tus vacíos mi culpa

y con ella tu condena.

 

Pero basta,

¡basta de tanta culpa!

Ahora

y con egoísmo,

sano acto de heroísmo,

elijo ganar masa y estar quieta.

Elijo ganas calma y estar quieta.

 

Hoy, por fin, yo soy la gravedad.

 

Aunque roca y reniega,

aunque queja, abismo y niebla…

yo ahora me estiro.

¡Y soy delfín y acantilado disfrutando a ras de tierra!

Y pido:

Quiero un hombre de verdad,

algo más que un rabo colgando entre dos piernas.

 

Un hombre de carne capaz de abrazarme

tanto como a sí mismo.

Alpinista de imposibles hasta que choca con Realidad.

y entonces vuelve a intentarlo con un pico un poco más bajito.

 

Que juega en la vida

además de en el Candy Crash.

 

Tan valiente

que se deshaga entre mis brazos

y me deje acompañarlo

y besar con él sus sueños de un mundo amable, humano.

 

Un hombre que se sepa invencible

cada vez que permite el romperse en trozos pequeños y sabios.

 

Tan fuerte que en lugar de pisar cuellos,

tienda manos.

 

Un hombre firme, no por cuanto aguanta

sino porque sabe a ciencia cierta que siempre pasa la tormenta

y que el mejor lugar para ver las estrellas, es el suelo de un campo.

 

Tan justo y sensible

que le arranca a sus miedos sonrisas… solo después de haberse permitido un infarto.

 

Un hombre justo, eficiente, que sabe que la mejor manera de limpiar casa

es no ensuciando.

 

Que no lucha por tener razón, que simplemente la usa.

 

Que se lanza contra sus muros y derrumba fortalezas con caricias, permitiendo, observando.

 

En fin, quiero un hombre feliz de ser solo un hombre

y no un infeliz ideal.

 

No, no quiero héroes, reyes,

príncipes ni reinos.

Nauseas me da que me pinten de rosa

para poder ver en mi su piel de tristeza,

corriendo luego a salvarlo.

 

Quiero un hombre de carne,

capaz de abrazarme tanto como a sí mismo,

nunca ni un poco más.

 

Me aburren las cáscaras de huevo, tan bien dispuestas para que alguien las compre…

aunque sean tantas y sea más fácil pensar:

“Todos los tíos son igual!!!”

que esperar, que seguir buscando.

 

Quiero un hombre de verdad,

algo más que un rabo colgando entre dos piernas.

Y se que existís, os he visto,

escondidos,

tanto sol os da alergia.

 

Quiero un hombre de verdad,

así que si lo encuentras, me lo mandas,

si es que no te lo quedas.

Un comentario en “Fina arena

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