¡Qué bien que ya no hace falta el feminismo!

Se acabó el pensar por dos y el no llegar a todo. Ser escáner de nevera. Madre de dragones -y vidrio, plástico y cartones. La reina del mistol.

Se acabó ser traductora de mundos interiores, mientras lavo a solas mis dramas, doblo a mano la ropa y tiendo los miedos de todos diez veces por semana

¡Qué bien que ya no hace falta el feminismo!

Se acabó sonreír porque sí, ser alma de mártir y niña buena. Y que mamá piense ¡qué bien educada!, y que papá presuma de mí.

Ya es pasado la cena donde la mano del tío me abraza y, porque me quiere, cortando la espalda, al llegar a la falda, sigue, y su aliento en mi cara exhala ¡ya estás hecha toda una mujer! Y serpentean sonrisas y aquí no ha pasado nada. ¡Sonríe, mujer! ¡Qué suerte tener quien te quiera! Deberías estar agradecida por tener una ducha caliente, una cama y un plato listo en la mesa.

Hace tanto que no existen ojos de juez ciego
piedras lapidando vergüenza
ácido cara abajo
ni pies corriendo en la acera.

Y tú sabes, evidentemente, que bollera, marimacho y maricón son palabras de personas de segunda, de ignorantes de primera.

Todo eso ya es pasado y verlo sería tal asombre, cómo oír esa mentira de que todo es culpa de los hombres.

Qué bien que ya no hace falta el feminismo y él se quiebra sin vergüenza. Frágil y peso nunca rimaron y mil héroes se han hundido, por negar ser solo humanos.

Se acabó llamar cerveza a la pena y golpear sin pensar al miedo. Abrazo, es ya el lenguaje más usado. Y conciliar, no es un reloj que nos parte en mil ausencias. Ni en la oficina, ni en ese beso de buenas noches que cierra sus párpados.

Sé que llegaré viva a casa. Que mis padres no me venderán. Que no habrá hombre dispuesto a comprarme. Que la tradición que me encoge para que otro se expanda, ya no la enseña nadie.

Ahora, que no tengo 9 veces más riesgo de sufrir una enfermedad psicosomática.
Ahora, que la primera causa de muerte no natural entre ellos ya no es el suicidio. Ahora, que no perdemos aquí, en Barcelona, 9 personas al día así

y el cuerpo es más que carne
y las palabras algo más que sonido,
hace tiempo que decidimos aprender a cocinar,
creando juntas esta esfera sobre una mesa de cuidar.
Y llena, llena nuestros cuerpos , vaciándonos de miedo
y rebosando sobre el mantel de la mesa. Rebosando vida
bajo la cual, solo las bestias y los muertos caminan.
Bajo la cual, solo las bestias y los muertos caminan.
Ajenos al orden natural, al mundo bien servido, en su justa medida.

Qué bien que ya no hace falta el feminismo y al fin podemos hablar de otras cosas. Ahora que ya sé
que soy demasiado mujer para esconder mi fuerza
y demasiado hombre para no saber llorar.


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